Cuando las musas vienen de visita… y no estamos
Suele pensarse que la inspiración es algo que viene y va, que escapa de nuestro control y que tanto puede abrumarnos como dejarnos en la mayor de las desesperaciones de un vacío creativo. Sin embargo, podemos comprobar en la práctica que por mucho que nos visiten las musas, si no estamos en casa, de poco nos sirve.
Lo que intento decir es que, a mi modo de ver, la inspiración puede aumentarse o disminuirse, que puede ser escuchada o acallada y, normalmente, con cosas que nada tienen que ver con la fotografía.
Quizá el primer paso consiste en modificar cómo vivimos nuestra vida. Podemos empezar por pararnos a pensar sobre qué es lo que hacemos durante el día. ¿Tenemos tiempo para alimentarnos creativamente? ¿dedicamos espacio a actividades que nos ayudan a romper lo rutinario? ¿Somos capaces de detener nuestro hilo de pensamiento y “jugar” con nuestra imaginación? ¿hacemos cosas que podemos calificar de estimulantes o interesantes?… En mi opinión, nuestra inspiración está formada por todo aquello que hacemos o pensamos que nos hace ser diferentes y tener una visión del mundo particular y propia pero abierta a otras maneras de ver.
En el “top ten” de cosas importantes, el dedicarle un tiempo y un espacio a la inspiración ocupa un lugar destacado en esa lista que llevo en el bolsillo, aunque no recuerdo ahora de qué lado del pantalón.
… una conversación, un libro, un silencio, un recuerdo, una melodía, una imagen, un gesto, un segundo, un color, una mirada, un sueño, un imaginario, un café,una película, una palabra, la belleza, la fealdad, una pintura, un poema, una sombra, un olor, un pensamiento…
